La Asexualidad y otras formas de amar

por Daniel Ulibarri

Asexuales

La asexualidad es una condición casi invisible. Es poco común y confusa: pareciera estar rodeada de mitos e incredulidad, mientras quienes la viven prefieren mantenerla oculta por un gran temor a la incomprensión.

En realidad, aquí lo único que hay que entender es que la asexualidad existe. Y ha existido siempre.

Ha sido investigada científicamente. Se encuentra documentada dentro del reino animal y, por supuesto, en la raza humana.

Estudios han revelado que 1% de las personas en el mundo son asexuales, o lo que es lo mismo: una de cada 100 personas en este planeta no siente una atracción sexual tradicional ni por hombres o mujeres.

La asexualidad también se refleja en el arte. En la literatura, por ejemplo, para mí destaca el personajes de Remediosuna mujer incapaz de sentir atracción por nadie, retratada perfectamente en ‘Cien años de soledad‘.

Pero dejemos de lado la ficción y démosle la bienvenida la realidad de millones de hombres y mujeres de carne y hueso; personas con deseos y sentimientos que debemos entender en su contexto.

La persona asexual no necesariamente vive sin sexo o tiene una aversión hacia las prácticas sexuales.

¿Qué es, entonces, la asexualidad? Comienzo por aclarar lo que NO es…

La asexualidad no se refiere a personas que sí tienen impulsos sexuales pero que, por diversas razones en su vida se encuentran en periodos de bajo deseo y no quieren tener relaciones.

Es necesario, también, descartar a las personas que son célibes por gusto o porque su religión se los prohíbe. Y tampoco tiene que ver con ser antisexual y estar en contra del sexo por verlo como algo malo o sucio.

La asexualidad tampoco se refiere a las personas que durante un período eliminan el sexo y las relaciones de su vida tras vivir una experiencia traumática.

No aplica a quienes han desarrollado ciertas fobias; o en quienes el componente religioso y/o cultural cobran un papel destacado.

La asexualidad es una orientación sexual y en la mayoría de los casos, los que se califican como asexuales, lo hacen desde que eran niños.

“Ser asexual no implica estar amputado”, aclara Montse, coordinadora de asexualidad en la asociación española El Príncipe Lila, una organización que procura darle una dar voz a colectivos minoritarios que todavía no han sido escuchados.

Ella me aclara que al contrario de lo que se pueda pensar, los asexuales sí pueden tener impulso sexual y pueden, incluso, masturbarse. Una cosa es atracción sexual hacia alguien y otra el impulso como tal:

Puedes tenerlo (el impulso sexual), pero no encuentras a una persona que te atraiga sexualmente, que te ponga. Cuando ves a una persona, no piensas en acostarte con ella.. 

Uno puede querer tener sexo con alguien por diferentes motivos, distintos a la atracción sexual. Por ejemplo, por curiosidad. O también por la sensación que se produce por la fricción genitalaunque la frecuencia y necesidad no es la misma que la de otras personas”.

Es importante también diferenciar entre estética y sexualidad. Una falta de atracción sexual no implica una falta de atracción estética.

Un asexual te puede decir si alguien es guapo, pero no le excita nadie. Y ésta es la diferencia de alguien asexual a una persona célibe o antisexual: los asexuales sí pueden sentir atracción, aunque por diversos motivos deciden no responder a ella.

Nuria Jorba, psicóloga, sexóloga, especialista en coaching sexual y directora del centro que lleva su nombre, hace un paralelismo con la comida.

-“A veces comes por desconectar o por aburrimiento, pero no realmente porque tengas hambre o porque sientas ese componente de placer que te da la comida”. Aquí pasa lo mismo, asegura Jorba.

-“Hay personas asexuales que pueden masturbarse  por saciar la ansiedad, simplemente. Incluso los hay que tienen parejas que sí son sexuales y no les importa tener sexo para complacerles. No lo rechazan, sólo que no tienen la necesidad ni esa atracción sexual que se supone que debe haber en las relaciones de pareja“.

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El principal problema del desconocimiento de la asexualidad es la falta de visibilidad y la falta de comprensión que se equipara a la homosexualidad de hace 50 años: una orientación castigada durante mucho siglos y que por fortuna ha conseguido salir del armario.

Personas como la autora Lucia Lietsi y el antropólogo y editor Javier León Gómez han aportado a que la asexualidad se conozca un poco más a través de sus publicaciones y han logrado que mucha gente se sienta aliviada y, sobre todo, comprendida.

León Gómez escribió el libro Asexualidad ¿Se puede vivir sin sexo? con una idea clara: “Fue tal el alivio que experimenté cuando descubrí que era asexual que sentí la urgente necesidad de compartirlo. La asexualidad siempre ha existido. pero supongo que no es fácil ni para nosotros reconocer que no sentimos el sexo como los demás”.

Lietsi, autora del famoso libro Diario de una asexual, enfoca el tema como viaje hacia la aceptación mediante el autodescubrimiento.

-“Imagina cómo se puede sentir un adolescente que no siente la necesidad de experimentar sexualmente con nadie y que, además, cree que tiene que encajar en alguna de las orientaciones sexuales conocidas“.

Para ella, el camino no ha sido fácil, pero me asegura haber conseguido ver luz en la oscuridad del túnel.

-“Me torturé durante muchos años tratando de buscar a alguien que me despertase ese deseo y no me importaba que fuese hombre o mujer. Después de años y de muchas experiencias fallidas, decidí aceptarme como soy. Poco después, descubrí en internet la asexualidad y, justo ese día, acabaron mis conflictos“, confesó en entrevista exclusiva con Las Malas Palabras.

En las personas asexuales personas hay componentes que ocupan un lugar más importante en sus vidas ya que por el sexo sienten escaso o nulo interés.

En esa vena,Aura Marqués, psicóloga general sanitaria y directora de la consulta Psicología Viva me expone un concepto importante:

-“La atracción de la gente sexual tiende a incluir el deseo de tener sexo, mientras que los deseos de los asexuales tienden hacia otras formas de intimidad. Por esto la amistad, la personalidad y la vida interior de las personas adquieren un valor más importante.

Y es que muchos asexuales no hacen una conexión entre amor y sexo, pero sí sienten que pueden expresar su afecto: sentir, expresar amor y sentir intimidad sin actividad sexual.

-“Entre las personas asexuales también hay diferentes ‘categorías’. Están las que no tienen deseo sexual pero sí atracción afectiva o romántica, por ejemplo, o las que no sienten deseo sexual ni romántico”, explica Carme Sánchez, psicóloga clínica y codirectora del Instituto de Sexología de Barcelona.

El autor Javier León Gómez, quien comparte su vida con una pareja que no se considera asexual, captura la esencia de la asexualidad a la perfección en el prólogo de su libro:

-“El amor es algo mucho más amplio que el sexo y se puede vivir lleno de amor sin necesidad de tener distintas prácticas sexuales. Los asexuales somos gente normal y sentimos las mismas necesidades afectivas que los demás. Nuestro único hándicap es que no sentimos deseo sexual”.

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