Prensa en crisis

por Daniel Ulibarri

prensa

La vida de un periodista es una de servicio público. El valor de su desempeño se mide por la capacidad con que pueda asumir ese cargo.

¿Pero qué pasa cuando no puede expresar su voz debido a nuevas líneas editoriales que establecen las empresas?

Llega el momento en el que debe optar por mantener la dignidad o el trabajo. Son tiempos convulsos.

Cuando hablamos de la situación de la prensa actual y la orientación de su agenda hay que tomar en cuenta, primero, que los medios de comunicación en general -y sobre todo aquellos que en este momento se pueden llamar tradicionales (la prensa escrita, la radio y la televisión abierta)- están pasando por no sólo una transformación, sino por una especie de crisis de identidad, ansiedad y de gran incertidumbre.

Para responder a estas crisis hay varias posibilidades.

En muchos casos, los medios han optado por las actitudes y estrategias más facilistas: o especializarse a un extremo al punto de perder una incidencia nacional o abrirse más de la cuenta para simplemente generar circulación o lograr el llamado rating.

¿Qué ha pasado?

Han preferido bajar a un nivel inadecuado la calidad y la orientación de la información que cubren.

El gran cambio que se está dando en los medios de comunicación masiva en Costa Rica no es algo exclusivo de nuestra cultura e identidad.

Es producto del constante pánico en el que viven, de estrategias que no han sido adecuadamente planeadas y, además, de que desgraciadamente el público responde en gran medida de manera positiva (en cuanto a consumo se refiere) a opciones amarillistas y frívolas.

Todo esto aporta a un deterioro generalizado de la agenda mediática.

Microfons-varis_recurs_01

Al juzgar las opciones por las que se inclinan los medios de comunicación, no soy moralista. Debe haber libertad para que cada medio escoja la preferencia que quiere, el tipo de proyecto y oferta que le dan al público.

Lo importante es que al optar por una de esas tendencias haya un mínimo de ética y de seriedad en el abordaje de esa tendencia.

No tengo nada en contra de que un periódico o un sitio web decida que se convierte en un medio de entretenimiento. Pero que eso sea muy claro.

Con lo que sí estoy en desacuerdo -y me parece sumamente negativo- es que dentro de ese “entretenimiento” a veces se haga una apología y un estímulo sutil (y, a veces, descarado) de la prostitución y el mercadeo sexual de la mujer.

Esto va incluso a contrapelo de un medio que ha optado por ser de contenido ligero.

Igual, si un medio opta por una visión y una misión de servicio público, de liderazgo, etc., también debe ser consecuente con eso.

Sobre todo, debe cuidarse muchísimo de la seriedad, de la credibilidad, de la precisión, de los enfoques, del enmarque de las situaciones y su relación con las fuentes, para no contribuir a deteriorar la calidad de la discusión y del conocimiento público.

El asunto está en segmentar y ser muy claro, para que cada individuo decida qué está consumiendo y si, con las cartas sobre la mesa, desea optar por continuar pegado a ese medio.

Dicho esto, creo fundamental que exista diversidad.  Sin embargo muchas veces se ve una gran homogeneidad no necesariamente en los enfoques, pero sí en los temas que se tratan: mucho suceso, mucho espectáculo y mucho deporte.

Los temas nacionales siguen exclusivamente la agenda oficial (para bien o para mal), pero no veo suficiente voluntad por raspar más allá de la superficie.

Es más facil hacer pasar por periodismo de investigación algo que es simplemente una filtración a realmente hacer un trabajo que implica gran cantidad de análisis documental, de visitas a los lugares, de análisis y contacto profesional con las fuentes.

Eso indudablemente requiere mayor profesionalismo, requiere muchos más recursos y requiere un riesgo, porque hay que reconocerlo, implica muchas veces ir en contra de los típicos intereses del público.

Dejá un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.