Marea roja: estigmas de la menstruación

por Daniel Ulibarri

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La menstruación está estigmatizada, muchas veces se habla sobre la regla como algo asqueroso o sucio, como si la sangre que sale por la vagina fuera algo impuro.

La regla se ve comúnmente como algo vergonzoso y muchas veces se trata a este fenómenomensual como si no existiera.

Esto se da a conocer en unas de sus formas más obvias en comerciales de toallas higiénicas, donde la sangre se representa mediante un líquido azul, lo cual parece algún tipo de detergente para hacer aseo más que la sangre menstrual.

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Además, muchos de los avisos publicitarios se centran en hacer la regla “invisible”, ofreciéndoles a las mujeres su producto higiénico casi como un camuflaje para evitar que otras personas descubran que están con la regla.

En la cultura popular se ve muy pocas veces como se habla sobre la regla en una forma natural.

Existe una cultura donde muchas niñas y mujeres se sienten como que tienen que “ocultar” su menstruación, como si fuera un secreto: como el hecho de que van al baño para cambiar su protección sanitaria, a modo de ejemplo, escondiendo el tampón en un puño bien apretado.

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El tabú también se puede rastrear al cristianismo, donde el antiguo testamento habla sobre la menstruación como un periodo sucio:

Cuando una mujer tenga flujo, si el flujo en su cuerpo es sangre, ella permanecerá en su impureza menstrual por siete días”…

Además el texto señala que “También todo aquello sobre lo que ella se acueste durante su impureza menstrual quedará inmundo, y todo aquello sobre lo que ella se siente quedará inmundo.

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Queda bastante claro que la vergüenza que rodea la menstruación hoy en día, no es algo sacado de la nada, sino que es un fenómeno cultural histórico desde hace mucho tiempo.

Durante toda la Edad Media no se les permitía a los sanguinolentos humanos tocar alimentos, bebidas y mucho menos estar cerca de las cosechas por miedo a que se echaran a perder y había quienes sin asco decían que las féminas sangrantes estaban poseídas por el demonio.

Muchos pueblos usaban cabañas apartadas para que las mujeres menstruantes la achantaran ahí mientras se les descongelaba el bistec.

Algunas de esas “cabañas” eran francamente caqueros, pequeñas chozas mal hechas en donde apenas cabe una persona y que aún se usan en unos cuantos lugares.

Las maes eran alimentadas por algún familiar (que tampoco las podía tocar) y quedaban a merced del clima y de los animales salvajes del rumbo.

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Durante la primera parte del siglo 20 los médicos occidentales empezaron a hablar de la “menotoxina” el veneno dentro de la menstruación.

Entonces, obviamente, le inyectaban sangre menstrual a animales. Hacían experimentos con sudor y demás prácticas edificantes que realizan buenos hombres de ciencia.

Hasta después se aceptó generalmente la idea de que lo que sale cuando les baja es el endometrio, o sea, sangre y tejidos que no se usaron para recibir y nutrir a un embrión.

Ahora, todas estas concepciones, ideas, mitos y demás se reflejan -de cierto modo- en el desarrollo de “tecnologías” para manejar el sangrado, así como en el modo de popularizarlas.

Antes que nada, aunque hay registros de uso de esponjas, lana, musgo, papiros, pieles y demás desde las primeras civilizaciones, los productos de higiene femenina se crearon y comercializaron durante el siglo 20.

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Hasta un poco antes de 1920, las toallas sanitarias eran lavables y se tenían que usar con una especie de cinturón para mantenerlas en su sitio.

Durante 1920 y 1935 se empezó a crear ropa interior femenina para poder usar las toallas (antes de eso, los calzones no tenían entrepierna para que las mujeres pudiesen ir al baño sin tener que bajárselos).

También durante los 20s varias compañías empezaron a lanzar toallas desechables y resulta que las que realmente tenían éxito eran las que se vendían en paquetes simples y cuadrados, con sólo el nombre de la marca en la caja.

Estaban en los aparadores de las farmacias, junto a un bote donde se ponía el dinero para no tener que pedirle toallas al buen hombreque atendía.

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Durante los 30s ya se habían desarrollado los tampones con aplicador, aunque no tuvieron mucho éxito porque se consideraba poco higiénico tener que tocarse el mico para ponérselos, sin contar con el mito (todavía más o menos popular) de que usar un tampón hace que las mujeres pierdan la virginidad.

Fue en los 70s cuando realmente se popularizon.

Se vendían con estuches para que las chicas pudieran llevarlos en la bolsa sin que nadie lo notara y los anuncios apelaban justamente a eso: la discreción (el chiste es que nadie supiera que les está bajando… y no es broma).

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La transformación del rol femenino y los ideales de eficiencia, conveniencia y productividad que trajo la era industrial creó la demanda suficiente como para generar más productos.

Lo curioso es que, en cien años, la esencia del discurso no ha cambiado: reiteramos que la menstruación trae una vergüenza inherente.

Y los hombres para nada ayudamos. Es algo que no experimentamos y no queremos entendender nunca.

La constante son las ganas de hacer como que es algo que no pasa, aunque pase cada santo mes.

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Todos tenemos una relación vergonzosa con nuestros propios cuerpos. Pero culturalmente, las chicas tienden a estar mucho más presionadas en esto: desde pretender que no cagan hasta ocultar, con vergüenza, su ciclo reproductivo.

¿Por qué será que lo que sale de nuestros cuerpos ofende e incomoda tanto?

Una respuesta a “Marea roja: estigmas de la menstruación”

  1. Ahora se más .. para mí es un castigo no x asco ni vergüenza sino x lo q no dijiste lo doloroso q es 😬.. aún así m gusto su enfoque

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