El pudor es un diseño pasado de moda

por Daniel Ulibarri

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El pudor se ha estudiado a lo largo de la historia bajo muchas lupas, diversos enfoques y múltiples interpretaciones. Puede ser considerado recato y vergüenza.

Puede relacionarse con una inhibición asociada a lasexualidad o la imagen corporal. Puede ser tratado como un concepto ético o moral.

Puede abordarse estrictamente de un modo sociocultural.

Pero lo cierto es que el pudor ha sido y seguirá siendo fascinación de filósofos, eterno debate para diversas religiones, inspiración o blanco de poetasmúsicos y pintores.

Dentro de los distintos enfoques y distanciamientos existe un aspecto histórico que compete a los que se jactan de tenerlo y a los que presumen carecer del mismo: el pudor es una de las grandes faltas o virtudes del hombre y la mujer. ¿Pero quién es quién para determinar tal cosa?

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La Psicología del Vestido, del psicoanalista británico John C. Flügel, es un libro que está prácticamente agotado y descatalogado. Su primera edición data al año 1930 y de hecho la única edición en castellano es una publicación de 1950 editada en Buenos Aires, lo que hace casi imposible encontrarlo.

Flügel menciona el pudor como uno de los tres motivos principales del origen de la vestimenta en la historia de la humanidad, junto con la decoración y la protección.

El autor define el pudor como un impulso inhibitorio, como una barrera que ejerce un importante papel a lo largo de toda la historia de la vestimenta, sobretodo en contraposición a la decoración.

Flügel nos habla de cómo los niños pequeños desarrollan antes el placer por decorarse que el complejo o sensación de pudor. Esto coincide con muchas posturas sobre el pudor como una herramienta de carácter social, sólo capaz de existir en un grupo parcial o totalmente desarrollado como pueden ser tribus, sectas o lo que muchos consideramos la sociedad moderna.

Incluso en estos tiempos globalizados existen pueblos que en términos de pudor viven de manera primitiva: no usan vestimenta, pero sí se decoran. Ya sea con maquillaje, pinturas en su cuerpo o adornando su cabello con cualquier tipo de elementos que no son considerados vestimentas, sino adornos. Se podría afirmar, entonces: es un hecho que existen pueblos que no se visten y es un hecho que no existen pueblos que no se decoren.

Aunque el impulso de decoración y de distinción en el hombre ha sido muy fuerte desde los orígenes de la humanidad, es muy difícil saber cuál de los dos conceptos ha tenido más peso. Es muy difícil tratar el pudor sin tratar también la decoración, que pareciera ser el motivo evolutivo principal del origen de la vestimenta. Son conceptos completamente distintos y, a la vez, conceptos que se complementan perfectamente.

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La vestimenta nos protege de nuestra sensación de vergüenza (por nuestra desnudez y por mostrar esa desnudez a otros) pero a la vez nos engrandece y nos distingue de los demás con diferentes funciones de la decoración: símbolos de ostentación de poder y de riqueza, signos de rango, de ocupación y nacionalidad.

El pudor es un impulso inhibitorio que puede dirigirse contra formas de exhibición principalmente sociales o sexualesLa vergüenza de sentirse inapropiadamente vestido en algún acontecimiento social vale de ejemplo para el pudor social.

El pudor es un impulso inhibitorio que puede dirigir la tendencia a exhibir el cuerpo desnudo o ir contra la tendencia a exhibir vestidos suntuosos o hermosos. Denuncias por los hombros desnudos, los brazos expuestos (considerados con horror en época de Enrique VIII) y de la exposición de las piernas femeninas eran motivo de escándalo siglos atrás. Del mismo modo, tribus que hoy día andan generalmente desnudas, pueden sentir vergüenza cuando se cubren una parte del cuerpo.

El pudor es un impulso inhibitorio que puede referirse a las tendencias de la propia persona o a las tendencias de los otros. Una mayoría llega a marginar y despreciar al sujeto “inadecuado” a causa de su individualidad u originalidad al vestir. Los celos, la ignorancia y el resentimiento son emociones que históricamente han desempeñado un papel clave en la censura.

El pudor es un impulso inhibitorio que puede apuntar u obstaculizar el deseo o la satisfacción. El pudor puede dirigirse contra la exhibición que una persona representa y fomentar el rechazo que puede generar tal exhibición.

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La belleza natural del individuo también juega un papel de gran importancia: un alto grado de belleza le hace más fácil a la persona encontrar placer en exhibirse. En el caso opuesto, el pudor tiene una tarea más fácil: una de las funciones de la ropa es la de ocultar defectos físicos.

La variabilidad del pudor es cuantitativa y también cualitativa. Ciertas partes del cuerpo resultan impúdicas -desnudas o vestidas- según el lugar y momento.

Pero en la sociedad del siglo pasado, marcada por una tradición judeo-cristiana, el pudor era una virtud que debía ser celebrada y cuya falta tenía que ser condenada.

El pudor del cristianismo aparece desde de la famosa expulsión del paraíso de Adán y Eva. En el libro del génesis, cuando se habla de su creación, la sensación de pudor no es nombrada por ningún sitio: “los dos estaban desnudos, el hombre y su mujer, sin avergonzarse uno de otro” (2,25) 

Así, indudablemente, el concepto de pudor en el cristianismo está estrechamente ligado con la sensación de pecado.

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Gracias a las revoluciones sociales de estos dos últimos siglos y el cambio de mentalidad con respecto a la fé, el pudor conectado con las creencias religiosas se ha perdido casi por completo.

Ya la Iglesia no controla el cuerpo ni la vestimenta de la gran mayoría de la gente, salvo por aquellas personas realmente creyentes y practicantes en los países donde la religión y el poder político siguen casados, como el nuestro.

No cabe ninguna duda que algunos aspectos del pudor son determinados por la cultura o por las circunstancias. No es lo mismo vivir en el trópico que en la estepa de Siberia, ni es lo mismo estar en la Iglesia que estar en la playa.

Esto no le quita el valor que tiene el pudor en cuanto una forma de protección de la persona y de su relación con los otros, pero tampoco le suma puntos cuando únicamente logra sofocar y encasillar al ser humano, al reducirlo a un cruel estereotipo.

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El hecho de que algunas mujeres se están vistiendo de una forma semidesnuda, preocupa a mucha gente.

Por un lado están los padres de quienes incurren en esta modalidad, por otro las parejas, si las tienen, y por qué no, la sociedad doblemoralista que nunca falta cuando de tachar de “puta” a una mujer se trata.

Diseñadores de moda también emiten su versión respecto a la moda de “desvestirse” que abunda en estos momentos. Algunos la atribuyen a la tendencia, otros a la competencia por ser la más atractiva, y no faltan los que entienden que es un asunto puramente de estilo.

Las mismas chicas que usan poca ropa para vestir defienden su preferencia, alegando que la moral de la gente no se mide por la forma en cómo viste, sino por su manera de comportarse y la educación que tenga.

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Otro argumento que sale a relucir es que en este país tropical, donde cada vez hace más calor, no se puede estar muy ataviado. Hay que tomar en cuenta que estamos atravesando por una transformación en el diario vivir y que la moda no puede escapar a ella.

Con todo y que vivimos en un país dizque subdesarrollado, con muchos tabúes y prejuicios, cómo se vista o deje de vestir alguien no va a causar impacto negativo alguno en la sociedad.

Entendido de esta forma, el pudor se convierte en un arma que está en alineación directa con el difundido moralismo de nuestra sociedad y la censura de las personas.

Hoy más que nunca se convierte en una virtud fastidiosa que debe ser desafiada con valentía y con heroísmo para ejercer nuestra identidad, sexualidad y esencia como nos venga en gana. Si tan virtuoso es el pudor, no habrá problema con dejarlo guardado en casa.

Amén.

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