Fuego, furia y recuentos de espanto

por Daniel Ulibarri

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Si le han estado prestando atención a las noticias estas últimas semanas, es bastante posible que se hayan enterado del libro Fire and Fury: Inside the Trump White House, escrito por el periodista Michael Wolff, quien hace un relato detallado acerca de la elección del presidente número 45 de Estados Unidos y su primer año en dicho cargo.

Wolff tuvo un acceso casi ilimitado a la Casa Blanca, en donde realizó más de 200 entrevistas con Trump y su personal senior durante un período de 18 meses.

Luego de que se filtraran detalles absolutamente dementes del libro sobre la intimidad de Trump y de cómo la maneja la percepción mundial de que es un líder nada preparado para estar el frente de un país como EEUU, Trump quiso detener la publicación antes de que el libro saliera a la venta el pasado 9 de enero.

Los abogados del presidente trataron -sin éxito- de detener su publicación y amenazaron a su ex asesor, Steve Bannon, con acciones legales si no deja de criticar al mandatario, en medio de un duro enfrentamiento entre los dos ex aliados.

Un día después de que Trump anunciara su ruptura con Bannon por haber criticado a su hijo en el libro de Wolff, el ex estratega jefe de la Casa Blanca intentó contener la furia del mandatario al asegurar que “nunca nada se interpondrá” entre él y el presidente.

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Por su parte, la editorial Henry Holt and Co.decidió adelantar el lanzamiento del libro cuatro días. El jueves 5 de enero por la tarde ya todos los medios de comunicación hacían eco de diversos fragmentos de la publicación que se había convertido en lo más vendido en Estados Unidos.

En él, se encuentran detalles verdaderamente patéticos sobre la administración Trump, que incluyen su dieta de hamburguesas ‘anti-venenos’ y cómo logra su peinado, entre varias revelaciones preocupantes y espeluznantes.

En un extraño giro al dicho “la realidad supera a la ficción”, una de frases más comunes de los lectores tras devorárselo es “you can’t make this shit up!” (“es imposible inventar semejante mierda.”)

El autor deja muy claro que incluso los colaboradores más cercanos a Trump han llegado a la misma conclusión en privado que decenas de profesionales de la salud mental han hecho en público: está mentalmente enfermo.

Los informes de Wolff establecen que el declive de Trump está interfiriendo mucho con su funcionamiento diario, y por lo tanto, que su deterioro cognitivo probablemente progrese hacia la demencia.

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Caótico, corrupto, incrédulo, infantil, con aires de grandeza y obsesionado consigo mismo, Donald Trump es de temperamento Nerónico. Él siempre ha deseado atención y ahora todo el mundo es su audiencia. Sin embargo, asegura Wolff, nunca quiso realmente ser presidente.

Cuando la campaña llegaba a su fin, el propio Trump se mostró optimista. Su objetivo final, después de todo, nunca había sido ganar. “Puedo ser el hombre más famoso del mundo“, le había dicho a su asistente Sam Nunberg al comienzo de la carrera.

A su amigo de toda la vida, Roger Ailes, ex director de Fox News, le gustaba decir que quien deseaba una carrera en televisión, primero se postulaba para presidente.

Trump, alentado por Ailes, estaba considerando rumores sobre una red de televisión llamada Trump Network. Sería un gran futuro. Él saldría de esta campaña, Trump le aseguró a Ailes, con una marca mucho más poderosa y oportunidades incalculables.

La mayoría de los candidatos presidenciales pasan toda su carrera, si no es que sus vidas, preparándose para el papel. Suben por la escalera de los cargos electos, perfeccionan una imagen pública y se preparan para ganar y gobernar.

El cálculo de Trump, bastante consciente, era diferente. El candidato y sus principales lugartenientes creían que podrían obtener todos los beneficios de casi convertirse en presidente sin tener que cambiar su comportamiento o su visión del mundo por un instante.

Casi todos en el equipo de Trump, de hecho, venían cargando el tipo de conflictos graves y enredos que, inevitablemente, están destinados a morderle el culo a un presidente una vez que asume su cargo.

Trump no solo ignoró los conflictos potenciales de sus propios negocios y propiedades inmobiliarias, sino que se negó audazmente a liberar sus declaraciones de impuestos.

¿Por qué debería?

Una vez que perdiera, Trump sería increíblemente famoso y mártir de “la corrupta” Hillary Clinton.

Su hija, Ivanka Trump, y su yerno, Jared Kushner, serían celebridades internacionales.

Steve Bannon se convertiría en el jefe de facto del movimiento Tea Party.

Kellyanne Conway sería una estrella de noticias por cable.

Melania Trump, a quien su esposo le había asegurado que no sería presidente, podría volver de compras y lujosos almuerzos discretamente. Perder funcionaría para todos. Perder implicaría ganar.

Pero la noche de las elecciones, poco después de las 8 de la noche, cuando la tendencia inesperada – Trump podría ganar en realidad– parecía confirmada, Don Jr. le dijo a un amigo que su padre parecía haber visto un fantasma. Melania estaba llorando, y no de alegría.

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Trump no disfrutó su propia inauguración. Estaba enojado porque las principales celebridades y actores famosos habían desairado el evento, estaba disgustado con los alojamientos, y visiblemente distanciado de su esposa, que parecía estar al borde de las lágrimas.

Durante todo el día se la pasó con lo que algunos a su alrededor llaman a su cara de golf: enojado y cabreado, hombros encorvados, brazos balanceándose, ceño fruncido, labios fruncidos.

En sus primeros días en el cargo, Trump pidió dos televisores para su habitación, además del que ya estaba allí. También reprendió al personal de limpieza por recoger su camisa del suelo: “Si mi camisa está en el piso, es porque la quiero en el piso“.

El ayudante de Trump, Sam Nunberg, fue enviado para explicarle la Constitución al candidato. “Llegué hasta la Cuarta Enmienda“, recordó Nunberg, “antes de que su dedo se cayera sobre su labio y sus ojos volvieran a su abrirse“.

-“La cosa es así“, asegura otro colaborador cercano de Trump. “En una reunión de una hora con el señor Trump, vas a escuchar 54 minutos de historias, y van a ser las mismas historias una y otra vez. Así que tienes que tener un objetivo, e interrumpir siempre que puedas.

Wolff insinúa, en un testimonial propio dentro del libro, que el presidente de Estados Unidos es prácticamente analfabeta.

-“Trump no lee. Él realmente ni siquiera lo hace ‘por encima’. Si es impreso, bien podría no existir. Algunos creían que para todos los propósitos prácticos no era más que semianalfabeto. . . . Algunos lo consideraban disléxico; Ciertamente su comprensión es muy limitada. Otros concluyen que no leía porque no tenía que hacerlo, y que, de hecho, este era uno de sus atributos clave como populista. Era posliterato: televisión total.

Aunque muchos han desestimado varios de los supuestos hechos que narra su libro, Wolff tiene docenas de horas de grabaciones de audio que respaldan sus escritos.

A pesar de ser tachado por algunos medios de oportunista, el propio autor ha declarado que se mantiene firme en sus informes y que no tiene miedo de perder una demanda por difamación.

Mientras tanto, solo dos horas después del lanzamiento de “Fuego y furia: dentro de la Casa Blanca Trump” en Amazon, el libro tenía una sólida calificación de 4.5 puntos basada en 42 lectores. Y todavía hoy, a 48 horas de su lanzamiento, se mantiene como el libro más vendido en el sitio web.

¿La lección?

La controversia, mucho más que la verdad, vende.

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Fire and Fury – Michael Wolff

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