Leonora Jiménez, el mito y la pose

por Daniel Ulibarri

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Ella que nunca es ella: ¿cuál es la verdadera Leonora Jiménez?

El mundo de la televisión es un gremio de envidias y chismes.

Costa Rica ya es bastante pequeña. Métanle whatsapp, el ascenso de influencers como la brillante y audaz Coco Vargas, además del culto al ego que permite Instagram y los insultos a la orden del día vía Facebook y Twitter a dicha ensalada tropical y un efecto bola de nieve termina inundando las redes sociales de todo tipo de versiones de lo que ya de por sí a nadie le consta.

Leonora Jiménez, mujer costarricense de belleza impactante y  múltiples talentos, recientemente nombrada embajadora de la moda latinoamericana por E! Fashion Blogger Latinoamérica -y hace una década inmune a la duda, el esceptisimo y la crítica- se ha convertido en los últimos años en el blanco de todo tipo de rumores, piropos, elogios y calumnias.

Con la masificación de las redes sociales, se comenzaron a filtrar dudas sobre varios datos de su currículum y biografía.

La gente comenzó a darse permiso para cuestionar, señalar y hasta desafiar por primera vez y en colectivo a la hermosa modelo.

Semejante acto de desobediencia virtual –¡y contra Leonora Jiménez!– era algo francamente inconcebible hace una década.

Y es que por años los ticos habíamos leído a través de notas complacientes y carentes de investigación que Jiménez hacía pasarelas en Europa, campañas publicitarias y sesiones para importantes publicaciones que, hasta el día de hoy, son imposibles de encontrar en la web.

Ningún medio de comunicación masivo ha corroborado notas que ellos mismos comenzaron a divulgar hace 16 años sobre una supuesta trayectoria internacional de Jiménez como top model en Europa.

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¿Merecía serlo? Sin duda alguna.

¿Importa? Probablemente no.

¿Lo fue realmente? Definitiva y desgraciadamente, no. Leonora Jiménez nunca fue la top model que tantos queríamos presumir y/o conocer.

Y ya no es misterio alguno. Sin embargo, casi dos décadas después, todo permanece muy escondido en el aire.

Yo mismo analicé la mediocre cobertura de la prensa de espectáculos que perpetuó muchos mitos acerca de la modelo y expuse cómo Jiménez también fue cómplice de, si no crear, al menos perpetuar esa imagen, un espejismo innesecario y acongojante, mediante un reportaje publicado en octubre del 2015 a través de mi página llamada De Malas Palabras, la misma que un año y medio después desapareció misteriosamente de Internet.

Hoy, poco más de dos años después, pretendo analizar de una forma menos agresiva y con mayor apertura lo que está documentado y lo que yo viví junto a la modelo en el siguiente reportaje, adaptado del original, que pueden encontrar aquí.

Preludio

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Soy honestamente subjetivo. No puedo evitarlo; y menos cuando se trata de mi experiencia trabajando para las dos televisoras más importantes del país durante la década pasada. Mi paso por Teletica y por Repretel me dejó muchas lecciones sobre un medio que la mayoría de los ticos tiene totalmente idealizado.

Más que la escuela o el núcleo familiar, la televisión es responsable de la educación sentimental de muchísimos costarricenses.

Si hablamos de tradición en el plano de las comunicaciones, Televisora de Costa Rica y el Grupo Nación han sido por décadas entidades del sistema nacional no solamente de control político y social, sino de aspiraciones sociales y de espejo de una realidad en la que los costarricenses quisieran verse.

Canal Siete, específicamente, es el eje de un sistema de “educación pública” pero jamás académica; donde por más de 50 años se han difundido los mitos, los valores y las formas de comportamiento de la “gran familia costarricense”.

A este país no se le puede entender sin analizar Teletica y el impacto que su cultura interna ejerce hasta el día de hoy sobre millones de costarricenses.

Todavía a principios del presente siglo, una muchacha que quisiera realizar una carrera frente a cámaras a nivel masivo (con todas las limitaciones de nuestro pequeño y dividido país) tenía que pasar por el canal de La Sabana, una empresa que históricamente ha tenido un dominio del mercado monstruoso a pesar de las pocas producciones nacionales que ofrece y la muy escaza calidad de las mismas.

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La realidad, hasta la fecha, es que Televisora de Costa Rica nunca ha sido ni será una empresa que busque la singularidad de sus figuras en pantalla, sino la uniformidad de ellas. Sobre todo, cuando hablamos de la mujer y lo que muchas deben hacer con tal de ser la conductora de un programa de calidad e impacto cuestionable.

En Teletica no se forman artistas, mucho menos estrellas. Su programación está dirigida (en palabras de un importante comunicador estrella de dicha televisora) para “vender detergente a amas de casa que a penas se graduaron de secundaria“. Sus palabras.

Lo que sí es cierto es que a la mayoría (pero no la totalidad) de las chavalas que vemos en pantalla se les paga para que se operen los senos, les arreglen la dentadura y adquieran esta especie de look muñeca inflabe tercer mundo, que es bastante cliché, antes de que puedan poner su rostro en pantalla.

Salirse de la norma sale caro. Prestarse al juego, implica una factura.

¿Ser independiente o rebelde? Inconsevible.

¿Prestarse para ser sexualizada? Requisito.

Sí. Incluso en el Canal del Padre Nuestro.

Hay esta cosa terrible, yo no quisiera llamarla “fenómeno”, que comienza a mediados de los noventa donde la chica es considerada un objeto, tanto en la pantalla como en las relaciones laborales cotidianas de una televisora.

Muchas son víctimas de su propia ambición, pero ninguna llega con la idea de tener que ofrecerse a ejecutivos con poder de decisión para poder salir en tele.

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El comienzo de la pantalla como catálogo de chicas prepago es una realidad. Eso lo sabe mejor que nadie la gente con más poder en dichas empresas y es un fenómeno patético que implica la complicidad de periodistas, publicistas y líderes de opinión.

Una de las pocas formas, en teoría, de entrar a la empresa sin exponerse a todo eso (para alguien que carezca de un apellido que la empresa considere “de peso”), es participando en el certámen de Miss Costa Rica (aunque existen excepciones) o como periodista de Telenoticias (que funge como una especie de empresa aparte, con otro tipo de reglas y códigos, también complejos, pero nunca tan cuestionables).

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Una figura que conoce muy bien este tema, me refiero al de la televisión nacional, es un famoso periodista. Un “visionario” y “padrino de los faranduleros”; gran amigo de ejecutivos como René Picado, empresarios como Márvin Córdoba e, incluso, artistas internacionales como Raúl DiBlassio.

En 1996 el periódico La Nación lanzó un invento del periodista Rogelio Benavídes al que llamó simplemente La Teleguía. Benavides tenía un contrato con el periódico bajo su empresa de relaciones públicas, Benapres, y fungía como dueño de cualquier propiedad intelectual de su creación, con la libertad de llevarse dicho contenido con su persona en el eventual suceso de salir de la empresa.

Junto a la revista (hecha por encargo y propiedad del Grupo Nación), Benavides se “inspiró” en el concepto de una columna de chismes de la revista TVyNovelas USA llamada Tía Virtudes y la bautizó para nuestro terruño tropical como La Tía Zelmira.

¿El problema? No había sobre quién escribir.

Es así como el señor Benavides, cual Frankenstein criollo, creó su propio monstruo ficticio: un concepto que bautizó como la avioneta set, con las fiestas de blanco, de negro y candentes fotos de chicas con sed de pantalla.

El desaparecido periódico Al Día, también propiedad de Grupo Nación y entonces en un breve apogeo, se sumó al tren de los faranduliticos y, junto a su fuerte receta deportiva, se dedicó a contarnos desde el salón de belleza de la mamá de Lynda Díaz hasta los detalles de la tienda que abrirían las hemanas Nadia y Nicole Aldana. Eso, señoras y señores, era noticia.

En mi opinión, era un negocio. No me consta.

Leonora en la jungla

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La Nación, primero en la revista Perfil y luego a través del suplemento Viva, comenzó a prestarle mayor atención a ticos que destacaban en distintos medios y el 24 de abril del 2002 publica la primera de una infinidad de notas sobre un nombre hasta entonces desconocido: el de una modelo que se salía de los cánones y requisitos de la chica que quería salir en tele.

Esta muchacha era virtuosoa, educada y de a de veras. Tenía tan sólo de 19 años y se llamaba Leonora Jiménez:

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Al leer dicha nota, nunca imaginé que escasos tres años después estaría conociendo, trabajando y confiando plenamente en la bella modelo.

Pero aclaro: aunque yo tuve (pretérito pasado perfecto) hace muchos años una relación con Leonora Jiménez, nunca fuimos amigos. Nuestros intercambios fueron muy cordiales y productivos, ligados estrictamente al ámbito profesional.

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Para finales del 2004 yo era un publicista en Teletica. Extremadamente joven, iluso y explotado de maneras muy inhumanas por mis superiores. Permanecía en un limbo entre pánico y elogios de mi jefa.

No es que yo fuera un genio. Para nada. Simplemente venía llegando al circo y estaba dispuesto a hacer maromas y piruetas. Saltos mortales, incluso.

Yo no escogía mis responsabilidades. Pero como no se me había pegado aún el síndrome de me vale mierda que permeaba en la empresa, todo trabajo “grande” me tocaba a mí, por decisión de la señora Gabriela Alfaro, hasta el día de hoy la gerente del departamento de Imagen y Publicidad de Teletica Canal Siete.

El departamento era una especie de subdivisión -por ponerlo de alguna forma- del área de Mercadeo; presidida bajo el régimen de terror de una detestable anciana de nombre Hilda Zúñiga (también, hasta la fecha).

Zúñiga, amiga íntima de doña Olga Picado, era la verdadera jefa de todo tema que tuviese que ver con patrocinios, los pagos, las prepagos y demás carajadas).

Doña Hilda me decía Danielito, Gabriela me decía Flufi y don René Picado – quizás el ser más extraño y poco agraciado que exista en el medio- me decía Eduardo (el nombre de mi papá).

Pero regreso con Leonora…

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La conocí en enero del 2005. Ella era una de las nueve chicas que competía ese año por la corona de Miss Costa Rica. Yo era el encargado de producir varios segmentos del certamen, incluyendo 5 videos que se grabarían en distintos rincones del país, serían post producidos por mí persona y se transmitirían (se transmitieron) durante la ceremonia en vivo a finales de ese mes.

El trabajo era mucho y el tiempo eran dos semanas. Así se trabaja ahí. Eso explica la calidad de muchas producciones…

A pesar de que las chicas habían sido seleccionadas tres meses atrás y presentadas ante los medios en noviembre del 2004, yo justo me estaba enterando, incorporando y presentando ante Cindy, Ingrid, Rosalina (mi favorita, por su belleza, porte e inteligencia), Johanna, Marcela, Karla, Alejandra y -por supuesto- Leonora.

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Leonora -al verme por primera vez- preguntó lo que las otras ocho muchachas reunidas conmigo en una claustrofóbica y abandonada oficina en el segundo piso (donde queda o quedaba “presidencia”) no se atrevieron a preguntar:

  • y usted, ¿quién es? ¿qué está haciendo aquí?”

Jiménez quería saber por qué habían sido convocadas las nueve participantes y quién demonios era este extraño de pelo largo y baja estatura que le llegaba si acaso al hombro.

Yo, en cambio, sí sabía quién era. O eso yo pensaba.

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Había leído sobre ella en el periódico (y sobre sus logros como “modelo top” en el extranjero). Su modo frío y medio hostil duró poco y tampoco me intimidó .

En su defensa, creo que nadie quería estar ahí.

Ella al menos quería saber si yo era un sátiro contribuyendo a lo que ya percibían como una pérdida de tiempo o qué pitos pensaba tocar, por decirlo de alguna forma. No lo tomé personal; pero sí tomé nota: ésta es la Macha Alfa, pensé sin equivocarme.

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Procedí a verla directamente a los ojos tanto a ella como a las otras ocho mientras me echaba mi hablada, o como lo veía entonces, mientras buscaba empoderarlas.

Me presenté sin que me temblara la voz y tampoco como si estuviera ante realeza. Un trabajo más. Eso era.

Nunca me había importado la moda, mucho menos los certámenes de belleza.

Les expliqué que trabajaba para el departamento de Publicidad, que era productor creativo y que era el encargado de producir varios videos con ellas y que era su aliado: si ellas se veían bien, yo me “veía” bien.

No quiero que este concurso sea otra cochinada de canal siete“, les dije a las finalistas.

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Y no llegué con las manos vacías. Traía conmigo un Betacam (formato probablemente descontinuado en el que se archivaban programas) de Miss Costa Rica 2004 y procedí a mostrarles los videos en locación, que habían sido producidos (junto al resto del certamen) por el cineasta Esteban Ramírez, a quien admiro por sus películas, aclaro.

Tras verlo, esperaba que en algo estuviésemos de acuerdo los diez: los videos eran polos, populacheros, mal musicalizados, terribles.

Cual A Todo Dar Guanacaste. Muy pobre.

En esa época, la tecnología aún era muy limitada en comparación al día de hoy. Ni siquiera existía YouTube, o celulares inteligentes.

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Pero yo les prometí que ese año haríamos las cosas distintas, les presenté mis ideas y noté cómo el rostro de Jiménez había cambiado.

Me comenzó a mirar con respeto… y eventualmente llegamos a trabajar siempre no sólo de manera profesional, sino también como cómplices en una empresa sumamente cuadrada y llena de complicaciones.

Siempre fue un gusto trabajar con todas, pero sobre todo con Jiménez. Con lo que la concursante promedio se duraba entre 40 a 60 minutos para conseguir 30 segundos a lo sumo de material utilizable, Leonora entraba y en cinco minutos teníamos cinco minutos de material…

Era un sueño y un descanso entre múltipes enredos, intrigas entre las chicas y eternas jornadas de trabajo.

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Con el respeto y confianza profesional de Leonora, en mi mente persistía la pregunta:

¿qué putas hace esta mujer hermosa y despampanante con carrera en el extranjero participando en este certamen de quinta?

Nunca le pregunté…

No hasta ocho meses después.

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Para ese 2005 Leonora Jiménez era casi casi la novia de Costa Rica. Okay… esa no era su aspiración. Además suena machista y reductivo.

Pero, algo era muy evidente: Leonora era la mujer que todo hombre heterosexual o mujer lesbiana deseaba. Era la chavala que toda chica hetero o mae gay quería como mejor amiga.

Personalmente siempre sentí, que quizás por eso, nadie realmente la conocía. Porque todo mundo quería algo de ella: atención, estatus, afecto, explotarla, utilizarla… y cuanta cosa le pasa por la cabeza a una persona desubicada.

Ella, quizás, lo percibía y mantenía una delicada danza entre persona y leyenda: Percibía que existían enormes olas de interés y vientos de envidia. Se manejaba con un permanente aire de misterio.

Era un talento innato del modelaje, pero no se requería que hablase. Lo cual incluso, en retrospectiva, le daba un gran mérito a su trabajo: sin la posibilidad de abrir el pico -como yo llegué a tener eventualmente en esa misma empresa- Leonora transmitía múltiples emociones con una facilidad que no había visto ni he visto desde entonces.

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Al poco tiempo el consenso entre los ticos era prácticamente unánime: Leonora era retratada en los periódicos y la tele como la modelo tica más cotizada en pasarelas de Europa, la estrella de sofisticados calendarios, la chica altruista, la empresaria incipiente que apoyaba a diseñadores locales y, como cereza en el pastel, la gran aficionada de La Sele que era favorita para ganar el certamen Miss Costa Rica 2005.

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Para sorpresa de muchos, Leonora INCLUIDÍSIMA, quien se llevó la corona fue la escultural Johanna Fernández, no Jiménez (quien tuvo que conformarse con el segundo lugar).

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¿Qué pasó entonces? Joha se fue a Miss Universo en Tailandia y Leo a Miss Mundo en algún lugar de Pacífico asiático si no me equivoco. Ambas pasaron desapercibidas.

Para el mes de agosto me tocó reencontrarme tanto con Johanna como con Leonora puesto que mi jefa insistió en hacer dos versiones la misma promo, una con Miss Costa Rica Universo y la otra con Miss Costa Rica Mundo (Teletica hace años que dejó de hacer negocios con el certámen Miss Mundo, vale aclarar).

Entonces, seguí sus órdenes y produje dos versiones: una con la coronada Miss CR y otra con Leonora. Ahí tuvo Jiménez su primera gran victoria tras la amarga y humillante derrota con la que cargaba desde el 30 de enero en el complicado mundillo de Teletica, donde los resentimientos y autocensura son pan de cada día; donde, además, muy poco es -y menos aún son- lo que uno piensa).

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Pero esta “victoria” a Leonora le supo dulce. La realidad es que para mí fue agria y amarga.

Es cierto: la promo de Leonora era por encima años luz superior a la de Johanna, quien es una mujer realmente hermosa, despampanante y también talentosa… pero a quien no se le dio un vestuario para lucir en el anuncio. Jiménez, al contrario, traía una maleta con sus propios chuicas.

Es verdad: la Leo es chispa. No brillante, pero tiene su forma de operar que resulta- por lo general – en Leonora Jiménez logrando lo que se propone. Aún cuando sus dudosas sus intenciones.

En una conversación telefónica (las teníamos de vez en cuando) le comenté en confianza a Leonora que tendría que grabar de nuevo la promo de Johanna puesto que la original no había sido aprobada ni por Hilda Zúñiga ni Gabriela Alfaro.

– “Parece una cualquiera“, comentó irónicamente Gabriela, puesto que Johanna Fernández, a falta de vestuario, utilizó la ropa que mi jefa había llevado puesta al trabajo ese primer día.

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Cuando Johanna regresó a hacer la nueva promo, había un fotógrafo al que no le prestamos atención alguna en el set y, para el domingo, “el chisme” apareció completamente distorsionado por arte de muy mala fé en el periódico Al Día.

No dudo, pero tampoco me consta, que dicha publicación fuera producto de la cercana relación de Jiménez con el entonces periodista estrella de espectáculos en Al Día, Isaac Lobo.

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Si fuera el caso, Leonora habría agarrado información que yo le comenté (por bruto) y especuló (con aportes de terceros) al pasarle -presuntamente- “la nota” a Isaac Lobo o a la corrupta periodista Gabriela Solano (años después, la productora del bodrio farandulero de Teletica conocido como De Boca en Boca). No existe otra explicación posible. En canal siete los escándalos se encubren, no se ventilan.

Y fue así, en un 2×1 que Jiménez me había demostrado que no sólo era una mala perdedora (el resentimiento que le tenía a Johanna era palpable), sino que además era una petulante ganadora (porque la realidad es que el hecho de que la primera promo de Johanna -que fue grabada y editada- fuera vetada por las dos mujeres que fungían como mis superiores, fue una mera casualidad).

Johanna no había sido mandada a su “casita”. Todo lo contrario: fue invitada a regresar para poder incluirla, como reina que era, en la promo de inscripción para el certamen del año entrante.

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Fue precisamente cuando comencé a abrir los ojos y lo comencé a ver claro: Leonora (a falta de portadas, ofertas y corona) puso el ojo estratégicamente en otra joyita aún más valiosa que un título o cintillo en este potrero farandulero: los chineos de la prensa de farándula (la más mediocre y corrupta del país).

Era evidente que Jiménez se ganaba con extrema facilidad el cariño y la lealtad de los periodistas de espectáculos simplemente por ser Leonora: despampanante, simpática, serena… en apariencia, al menos.

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No sé si Jiménez había notado lo que para mí siempre había sido obvio: que los periodistas faranduleros tienden a fungir más como relacionistas públicos que reporteros de los hechos. Favorecen a quienes quieren, ningunean al resto.

Uno a uno, cayeron rendidos ante semejante belleza y simpatía. Hombres y mujeres.

Y fue decretado: Leonora se convirtió en la reina de la prensa farandulera. Su palabra, era ley; y ella, intocable.

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Pero los tiempos cambiaron, las redes sociales se masificaron y para el 2012 Leonora ya había cumpldo los 30 años. Anunció que se retiraba del modelaje en pasarelas pero que se dedicaría a desarrollar diversos proyectos: gestionaría el Mercedes Benz Fashion Week San José, lanzaría la revista Traffic y se encargaría de varios negocios y propiedades más.

Por motivos desconocidos se involucró de lleno en la campaña del actual presidente Luis Guillermo Solís y además se coronó como una reina en Twitter (170,857 seguidores)  e Instagram (72,300 seguidores) en Costa Rica.

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En Facebook (167,898 seguidores), probablemente muy a su pesar, ha sido superada por la periodista Coco Vargas (191,100 seguidores) en tiempo récord.

Aunque tenía a la prensa y la opinión pública de su lado, como muchas cosas en Costa Rica, la reputación de Leonora comenzó a ser víctima del serrucho entre pequeños grupos dentro del medio farandulero.

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Leonora, interrumpida

Una búsqueda en Google de ‘Leonora Jiménez Portada’ tan sólo producirá como resultados publicaciones locales: Perfil, Teleguía, SoHo

Hay múltiples galerías en páginas medio puretes como Global Beauties. Pero nada de Leonora y Chanel o Leonora y  Elle Magazine. Nada de Leonora en Milán, Nueva York, París… Nada. Misterio sin resolver.

Lo que existen son notas escuetas de tiquicia donde Leonora narra en primera persona una serie de presuntas experiencias laborales que a ningún periodista se le ocurrió corroborar. Nunca.  Periodista que la entrevistaba, periodista que confiaba en su palabra implícitamente.

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Esta nota del 24 de abril del 2002 en La Nación (la que incluí varios párrafos atrás) es quizás la primera con datos no corroborados. La publico de nuevo y los invito a leerla:

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Al Día caería a sus pies 2 años más tarde con una entrevista del 14 de julio del 2004 que toma cada respuesta de la joven como un hecho.

Desde supuestos contratos con marcas como L’Oreal y El Corte Inglés hasta una relación de representación laboral con la agencia española SS&M.

Sólo la palabra de una Leonora de casi 22 años.

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Pero fue la reciente desempolvada de una nota para Al Día en setiembre del 2005 la que hoy en día pone la palabra de Jiménez en jaque mate.

Muchos aseguran que dicha ‘noticia‘ es prueba clave de una práctica sistemática que adoptaron magistralmente Leonora y su madre, Mariela Monge, con la prensa de espectáculos.

La nota se llama ‘Leonora Jiménez de película‘ y en ella madre e hija aseguran que Danny Cannon, el director de la película ‘Goal‘ protagonizada por Kuno Becker, le había ofrecido un papel a la modelo para la segunda y tercera parte de la franquicia en pleno estreno de la cinta en Londres.

Todo el rollo contado después de los supuestos hechos.

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En un contexto actual, los once párrafos que Isaac Lobo dedicó a dicha historia o fantasía pintan a Leonora muy mal sí o sí: o se reconoce como una desubicada que anunció suyo un papel que no tenía, o admite que mintió: que junto a su mamá inventó la historia de cómo en una premiere londinense recibió su primera oferta cinematográfica…

¿Cómo quedó la Leo? No sé.

¿Qué pasó? Nada.

Pasó una década.

Pasó que Goal completó la trilogía.

Pasó que la prensa local se hizo la loca.

Pasó que ni Leonora ni mamá volvieron a tocar el tema porque nunca fue siquiera un extra en las películas.

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Leonora me había contado otra versión de la historia la única vez que estuvimos a solas reunidos hablando de un proyecto que yo estaba desarrollando y para el cual le solicité una ayuda por “amor al arte”; le conté que había surgido la posibilidad de crear, producir y ser presentador de un programa musical llamado Estéreo.

Le presenté la propuesta y ella accedió a caracterizarse, de gratis, para las cortinas del espacio, estructurado por distintos géneros musicales.

Tras llegar a un acuerdo (detalle por el cual SIEMPRE le estaré agradecido) finalmente hablamos de algunas cuestiones relativamente personales. Y fue entonces, en septiembre del 2005 que le pregunté por qué diantres se había sometido a ese concurso.

Ahí fue cuando me respondió: “quiero ser una embajadora de mi país. Eso es lo que quiero. Incluso rechacé un papel coprotagónico en la película Goal para participar en el certamen. Pero el director ya me tiene contemplada para la segunda y tercera parte. Va a ser una trilogía.”

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En la siguiente nota de La Nación del 9 de noviembre del 2008 la modelo habla de sus planes laborales y asegura vivir entre Costa Rica y Europa pero no especifica el país.

Además revela de manera críptica que una semana después de la fecha de la entrevista iba a Francia a hacer un ‘trabajo especial’.

Quien firma la nota no pensó en preguntar cuál trabajo, ni cuándo o dónde.

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El hecho de mantener su boda del 2008 tan teñida de misterio en un país en el que nadie lucra como paparazzo con figuras locales como ella, es algo que pocos entienden.

Existe una gran confusión, de igual forma, acerca de la verdadera nacionalidad e identidad de su marido.

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Mientras que Leo lo nombró en La Nación como un británico de Manchester llamado John Henry, fuentes aseguraron en el 2009 al Diario Extra que era jamaiquino y de apellido Quintavalle. Nunca se les vió juntos en público y fue la misma Extra, unos meses más tarde, el único medio que publicó que la pareja de Leonora estaba preso por haber cometido un presunto delito (enriquecimiento ilícito). La noticia ha sido borrada de Internet. El paradero del hombre se desconoce.  Misterio sin resolver.

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El problema de Leonora es sencillo pero se pone complicado: aparece en todos lados (creando saturación) transmitiendo mensajes tan distintos (confusión) que es imposible determinar su personalidad real, sus ideales y su estado emocional (identificación) Como buena empresaria que aspira ser, aún mejor debe ser el publicista que le toca contratar pero para ayer.

Los seres humanos somos de contrastes. Pero hay límites.

Y perdón, pero no veo que exista una coherencia entre la Leonora caritativa que defiende al medio ambiente y dice ayudar a cualquier cantidad de artistas emergentes mientras viste como una Primera Dama y la Leonora narcisista que utiliza su feed de Instagram como un egotrip / vanityshoot al mejor estilo Kardashian-Jenner.

Su credibilidad e imagen sin duda has visto tiempos mejores.

Vienen nuevas figuras y talentos a ocupar las portadas y las pasarelas. Los nuevos medios permiten una anonimidad para el usuario hostil que detrás de los teclados se lanza a insultarla desmesuradamente, sin piedad, y sin dar la cara.

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No es relevante a estas alturas si Leonora mintió sobre sus logros, si se los inventó, si su mamá se los soñó o si su currículum desapareció.

Hay muchos periodistas que aseguran que ella omitió detalles, exageró eventos y se negó a mostrar fotos de supuestas campañas en entrevistas. Esto no justifica el pésimo trabajo que realizó cada uno de esos reporteros.

Como es costumbre en este país, nadie quiere dar la cara. Yo la doy por segunda vez. La primera fui confrontado por la propia Leonora y, si encuentra ofensa en dicho trabajo, le repito lo que le dije entonces: sentémemonos y hablemos on the record. Explique su versión de los hechos, aunque realmente no siento que deba dar explicaciones. Ella sabrá, o alguien le dirá…

Le deseo éxito, paz en su nueva fé y que proceda por la pasarela siempre con muchísima cautela. El karma no suelta prenda…

Corte y queda.

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