Hedonismo, ruptura y rebelión

por Daniel Ulibarri

El hedonismo contemporáneo promulga la búsqueda del deseo personal, la satisfacción del impulso individual e irracional como premisa indiscutida.

Hasta mediados del siglo XX el placerismo no pudo realizarse completamente como el sistema de ideas y prácticas perfecto para vertebrar la conciencia dominante de la modernidad

Las instituciones se valieron, entre otras herramientas, del “anticapitalismo” sesentozo, cuyo rasgo principal es su adhesión vehemente al hedonismo, felicismo y epicureismo, presentados como valores “revolucionarios”.

Supongo que el egocentrismo actual funciona como una aplanadora que iguala los comportamientos en la sociedad.

Si la convención actual es el hedonismo egocéntrico, habrá que romper esa regla y buscar a través de la duda un comportamiento menos  centrado en la copia y en la repetición.

En contra del hedonismo como regla, es necesario ser menos superficial y más consecuente con una idea de ruptura.

En nuestro tiempo, necesitamos más rebelión.

Habrá que buscar en los diversos ámbitos de la vida las posibilidades de la insumisión.

Si pudiéramos detectar mejor las ataduras y las taras sociales, podríamos liberarnos de los mandatos de los medios y de las familias.

Una de las convenciones que impera es el hedonismo irracionalista.

Tenemos que mirar más en nuestro yo para ser menos egocéntricos.

Busquemos la rebelión en la ruptura de la regla que amodorra y adormece.

La naturaleza, en efecto, se muere por nuestro modo de vida, pero nosotros estamos ya muertos, por lo que parece, debido a que no queremos considerarnos como seres humanos, sólo como seres de la naturaleza, puramente zoológicos, meros cuerpos sin conciencia.

Ello anula toda perspectiva revolucionaria.

Como seres con conciencia que aún somos, o que cuando menos deberíamos desear ser, es conveniente que opongamos a los chabacanos y reaccionarios disvalores del placer y la felicidad los ideales y valores de la libertad, el esfuerzo, el servicio desinteresado, la verdad, el afecto, la vida ética y la revolución, que son los únicos hoy antisistema sin comillas.

Así nos haremos gente del siglo XXI para transformar radicalmente el orden constituido, quizá en el siglo XXI.

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