Estados Unidos: masacre de San Valentín

por Daniel Ulibarri

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Se repiten los hechos con escasas diferencias.

Esta vez un ex alumno de una escuela en el condado de Broward, Florida, con solo 19 años es el autor de un horrendo crimen.

Los motivos pueden ser muy diversos, los resultados muy similares, decenas de vidas segadas no por un enemigo externo, sino por un propio ciudadano del país más poderoso del mundo, que hasta hoy ha sido incapaz de tomar decisiones que impidan que sus connacionales mueran de forma inentendible.

En este caso se trata de jóvenes que amaban sus vidas y que por el contrario encontraron la muerte en un centro de estudios donde iban a enriquecer sus conocimientos para tener mejores herramientas en un mundo cada vez más exigente.

Jóvenes quienes viven en una sociedad dirigida desde hace años por legisladores y presidentes que han resultado negligentes en la temática del control de la venta de armas.

El resto del mundo se pregunta, ¿hasta cuándo los Estados Unidos, súper potentes como país, serán tan débiles en tomar las medidas que erradiquen un flagelo que los desestima y empequeñece?

El  mundo los observa con estupor.

Decenas de otras sociedades que no han podido desarrollar de la misma forma sus fuerzas productivas y tecnológicas, se sienten inmunizadas ante esta peste bubónica, como es la venta indiscriminada de armas, que provoca el luto a cientos de familias cada año.

En el campo de las ciencias y la economía los avances son tan evidentes que Estados Unidos atrae a muchos de los individuos que emigran para tener una vida mejor, sobre todo desde América Latina.

¿Cómo es posible entonces que este país se encuentre atado de pies y manos para darle solución a este problema y a otros igualmente graves como por ejemplo el consumo de drogas?

Si no hay armas al alcance no habrá muertes innecesarias.

Veremos entonces si los legisladores, congresistas y presidentes resistirán el embate.

Desde ya, ante las próximas elecciones que se avecinan, quien se postule debería pronunciarse ante las familias estadounidenses que los elige, para decir de qué manera piensa acabar con este flagelo.

Ya los tiempos del oeste americano sucumbieron y este país debe evolucionar también en su constitución como lo ha hecho en otras esferas.

Ojalá todos los que escriben y meditan sobre este problema expongan vías sensatas y no solo gritos de alarma, tengo fe en que el pueblo de los Estados Unidos encontrará la solución, y volverá a ser ejemplo para la humanidad.

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