La hoguera de Fabricio

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Actualizado, sin ironía, hoy martes 13…

Su invocación de Dios no es la de un religioso con ánimo de convencer o salvar, sino la de un vendedor de chucherías que pretende seducir y manipular.

Su historia de súbita y profunda conversión de católico a evangélico despierta serias dudas sobre su estabilidad psicológica y espiritual.

Su insistencia en las convenciones de una “moral” excluyente, que margina como apestados a cientos de miles de costarricenses que no levantan su misma pandereta, demuestra un perfil de intransigencia.

Su fanatismo asusta; su ignorancia, casi tanto.

Su falta de ideas sobre los grandes retos del país, y la ausencia de un equipo mínimo de
profesionales para buscar soluciones, nos coloca ante un vacío.

Este es, en apretada síntesis, Fabricio Alvarado, el candidato del partido Restauración Nacional.

Sonaría a chiste de mal gusto si se hubiera mantenido cercano al margen de error de las encuestas.

Pero al haber subido a golpe de la intolerancia, el dogmatismo y la volatilidad de muchos electores, lo que despierta es alarma.

Si Carlos Alvarado, su gran rival en la catastrófica segunda vuelta, representa a un partido asociado con déficits y cementazos, Fabricio Alvarado es un Torquemada sin sotana, listo encender hogueras de inquisición para quemar infieles.

Decepciona que ambos sean las únicas dos opciones, y sorprende poco la turbia ola de electores ahogados entre indecisos, frustrados e agresivos.

Pero sobre todo asusta Alvarado, sus monumentales estupideces y esos llamados cristianos que a pura espada y el veneno de sus lenguas todo se lo defienden, porque de la mala intención podrían pasar a la acción y darle muchos votos. ¡Jesucristo!

La buena noticia es que podemos evitarlo, con algo tan simple como votar por diablo conocido, que demonio por conocer.

Espero que, en los pocos días que quedan de aquí al 1 de abril, su espumarajo baje o, al menos, no suba, que siga predicando incoherencias y se convierta, como su voz, en una impotente y olvidada vergüenza.

Amén.

Una respuesta a “La hoguera de Fabricio”

  1. “…listo encender hogueras de inquisición para quemar infieles”.
    ¿Qué argumento tiene para decir eso?

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