Carlos Alvarado: nueva generación

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Carlos Alvarado se convirtió anoche en el Presidente Electo más joven desde que existe la Costitución Política de 1949 y su elección tiene un gran simbolismo en cuanto a que puede marcar un cambio generacional importante en la política de Costa Rica.

¿Qué implica esto? Yo creo que, sin duda, muchas cosas:

Sería conveniente que ese sentido generacional contribuya a una visión de futuro que implique concretamente ir más allá de los temas que mantienen y han mantenido a Costa Rica estancada en temas de desarrollo, fiscalidad, educación e infraestructura.

Representaría la importancia de incorporar de una manera responsable y en función de capacidades y atestados gente joven a su gobierno y a la política de nuestro país.

Estos temas, sin duda, también tocan al PAC como partido y deben, también, ser tomados en cuenta por los otros partidos del país, sobre todo por Liberación Nacional y Unidad Social Cristiana.

Un aspecto que es fundamental tomar en cuenta en lo que se refiere a dicho simbolismo de un cambio generacional, es que una gran parte de la campaña de Carlos Alvarado fue impulsada por sectores jóvenes y no necesariamente por militantes del Partido Acción Ciudadana.

Este último hecho plantea como, a partir de una generación que es diversa (porque no necesariamente tiende a coincidir en aspectos meramente políticos) y que está unida por ciertos valores de modernidad, se pueden crear bases para un tipo de política más inclusiva y diversa que supere un poco las típicas crisis que afectan a los partidos políticos.

También es fundamental ser realistas: es necesaria la experiencia de gente ya avesada en política (una experiencia que, sin duda, se gana con los años).

Y aclaro: el sentido de generación no es el único elemento que define la acción política o si quiera las identidades: no hay garantías de similitudes o enormes diferencias entre un joven universitario profesional urbano de clase media y otro que trabaje en el campo. Pero ambos simbolizan los mismo: una realidad diversa y compleja que aún sostienen la promesa de superar una serie de barreras que han mantenido al país entre rejas por años.

El país y los costarricenses debemos dejar de añorar un pasado ideal que en realidad nunca existió como es recordado y ver al futuro con un sentido de modernidad: de valorar qué es lo que realmente funciona y con menor apego a ideologías que ya nada aportan a la discusión política.

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