Mano a mano por la igualdad

por María del Mar Amores

img_6383-3

Desde que tengo uso de razón, el término feminista ha estado presente en mis días como información que llega a mi razón y no logra conectar con mi interior.

No sé si fue la suerte, pero tuve el privilegio de crecer en un ambiente de igualdad de derechos entre hombres y mujeres, en el cual nunca me sentí inferior, mucho menos maltratada, herida o subyugada por mi condición de mujer. Todo lo contrario.

Siempre me sentí cómoda, fuerte, valiente, capaz de desarrollar plenamente mi potencial sin necesidad de competir con el varón ni alejarme de mi naturaleza.

Aprendí a dirigir mi vida sin victimizarme ni depender de la tutela de los movimientos feministas que pasaron del feminismo clásico (mujeres que históricamente lucharon por su independencia, buscando la igualdad de hombres y mujeres ante la ley), a ser un colectivo radical que se atribuye la voz de todas las mujeres:

Exigiendo privilegios, odiando a los hombres y excluyendo sus derechos, aumentando con ello la discordia social y fomentando la violencia revanchista.

Algunos movimientos feministas contemporáneos alrededor del mundo (feminismo de género), se han convertido en propulsores de una hostilidad permanente y absurda hacia los hombres, sin dejar tan siquiera espacio a la oportunidad de un criterio distinto, en el que los sexos se consideren iguales pero diferentes.

Iguales en derechos, diferentes en naturaleza, y en definitiva, complementarios.

Cada vez más, las mujeres

activistas contemporáneas, promueven un feminismo feroz, centrado muchas veces en una opresión inexistente, ven la injusticia por todas partes y se sienten cautivas de un sistema.

Esta forma de feminismo está cada vez más arraigada en los medios de comunicación, en la juventud, en los centros universitarios en los cuales se incentiva una guerra de sexos, hombres y mujeres en tribus opuestas.

Creo en la defensa de la igualdad de derechos, en la equivalencia salarial, en vestirnos como nos plazca, y a ser simplemente como seamos, sin ser criticadas por gordas o por flacas, por tener abundante trasero o tener poco.

Creo en el derecho a sentirnos plenas sexualmente y a ser felices y amadas al margen de nuestra apariencia física, sin que nadie se tome la estúpida atribución de insultarnos por ella.

Creo en que ser mujer no tiene nada que ver con ser o no ser madre y creo profundamente en la lucha en contra de la verdadera violencia machista.

Pero sobre todas las cosas creo que el hombre es un aliado, con quien puedo luchar de la mano, hombro a hombro por la libertad y por la igualdad legal, moral y social.

El Feminismo tiene sin duda, el reto de superar excesos y mentiras, superar la arrogancia de ser una sola voz para dar paso a muchas voces que conciben la vida de distinta manera, abandonar la disputa maniquea y aliarse  en favor de otras mujeres del planeta que aún luchan por libertades básicas.

No se vale seguir fomentando un feminismo desquiciado cada vez más alejado de la realidad.

Somos muchas las mujeres que – en palabras de la actriz española Alicia Rubio, “queremos coger la antorcha de las mujeres valientes y seguras de su igualdad con los hombres, que no exigían más derechos sino los mismos, y no exigían un mundo a su medida sino a la medida de las dos mitades de la humanidad: hombres y mujeres.  

Dejá un comentario