La mujer que se toca toda

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Uno de los muchos temas tabú en el campo de la sexualidad humana es la masturbación femenina, que consiste en producirse placer a través de la manipulación de los genitales.

Es una actividad reprimida y castigada históricamente, pero que sigue siendo una práctica frecuente, de la cual no se habla.

¿Por qué es un tabú?

Porque la sociedad es la que impone, a través de normas tácitas relacionadas con la cultura, la religión y la educación sexual represiva, qué conductas sexuales son aceptadas y cuáles son rechazadas.

A nadie se le ocurre hablar sobre el tema en una reunión social o en un grupo de mujeres porque no es socialmente correcto hacerlo.

Es una práctica altamente saludable y placentera que no tiene efectos secundarios nocivos como algunas personas creen. Al contrario, es una variante sexual que se realiza sin riesgos de contraer infecciones de transmisión sexual o un embarazo no deseado; los toques y caricias permiten descubrir e identificar las zonas erógenas del cuerpo y al saber qué es lo que a una persona le agrada puede trasmitírselo a su pareja.

Adicionalmente, facilita el desarrollo de fantasías sexuales que ayudan a salir de la rutina, a la vez que permite aprender a relajarse y a disminuir los niveles de ansiedad, preparando al cuerpo para ser receptor de caricias y sensaciones placenteras.

El disfrute de sí mismo, sin estar pendiente de la pareja, es una alternativa válida dentro del rango de la conducta sexual; sin embargo, no debe excluir otras prácticas sexuales en pareja.

La masturbación femenina estimula el deseo sexual y permite también aprender a sentir y no pensar, clave de la actividad sexual en soledad o en pareja.

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En mi experiencia, un porcentaje significativamente alto de mujeres aseguran no haber intentado explorarse, acariciarse, ni siquiera haber visto sus genitales con un espejo, menos aún masturbado, porque no sienten necesidad, les parece aburrido o les da vergüenza; y muchas de las que lo hicieron, desistieron después del primer intento.

Desde luego que no es obligatorio masturbarse; pero sí es una opción, y si se tiene pareja no significa que la persona tenga carencias afectivas, problemas de relación o insatisfacción sexual. La masturbación en pareja es otra de las variantes de la respuesta sexual.

Hay que recordar que toda actividad sexual en una relación de a dos es válida, siempre que sea aceptada por ambos y que no dañe a ninguno de ellos ni atente contra su salud. La variabilidad en lo que la gente hace sexualmente ayuda a combatir la rutina y el aburrimiento.

Cada uno puede masturbarse por turnos frente a su pareja mientras el otro observa o también cada uno puede masturbar al otro alternada o paralelamente.

La primera opción permite aprender dónde se toca, con qué presión y velocidad para después poder masturbar adecuadamente a su pareja. Es necesario perder la vergüenza y los falsos pudores para poder disfrutar de esta actividad sin reservas.

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Para aprender a tocarse y disfrutar plenamente, se recomienda privacidad, de lubricantes y aceites esenciales; también es importante la variación a través del uso de juguetes sexuales y el automasaje con la yema de los dedos y la palma de la mano, pues facilitará la liberación de tensión sexual.

La doble moral hace ver a la masturbación femenina como una actividad censurable, egoísta, vergonzosa e incompleta.

Sin embargo, después de ver los beneficios que conlleva, es necesario replantear esta opción sexual, la cual puede practicarse hasta el final de la vida, sola o en pareja, y que actualmente es utilizada como técnica terapéutica cuando existen problemas de bajo deseo sexual, disfunción eréctil, vaginismo, eyaculación rápida (precoz) y otros.

La falta de información sexual adecuada y científica fomenta la creación de mitos y errores de concepto en temas de sexualidad, haciendo ver a las conductas sexuales conducentes al disfrute individual como algo por lo cual sentir culpa o vergüenza.

De allí la importancia de un cambio de actitudes hacia la masturbación femenina, y de considerarla como lo que realmente es: una práctica saludable y placentera.

Recorrer tu cuerpo genera múltiples beneficios para la salud sexual, comenzando por el autoconocimiento, la conexión con la intimidad y el descubrimiento de zonas erógenas.

Permite dibujar tu mapa erótico, brindando pistas para empoderarte con tu propio placer y cuando decidás estar con alguien, hasta podrás convertirte en una maestra que muestre técnicas efectivas a tu pareja sexual sobre cómo vibrar.

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La masturbación ayuda también a fortalecer el suelo pélvico y, combinado con ejercicios de Kegel, podés prevenir incontinencia urinaria.

Si comenzás a explorarte no tenés que ir directamente al genital, podés comenzar en momentos de intimidad como el baño o en tus ratos de soledad. Poco a poco y sin guión, acariciá tu cuerpo y notá cuáles movimientos y en cuáles lugares te gusta más.

Un par de sugerencias prácticas para esto: puerta cerrada con llave para evitar visitas inesperadas y si tu práctica es manual, olvidá anillos y con uñitas cortas para que la exploración, si se torna furtiva, no produzca daños en tu interior.

Los ayudantes sexuales, con o sin vibración, también son instrumentos para el placer. Más grande no es mejor… o no para todas.

Si estás comenzando, buscá orientación o mira la descripción del juguete para que decidás cual se parece a ti. Si tenés pareja, no debés anular esta práctica de tu repertorio.

Muchos hombres gozamos tocándonos y por el contrario, las chicas descartan la masturbación por algún mito o error de concepto.

Sin duda es una alternativa cuando la frecuencia sexual no coincide. O cuando tu pareja está de viaje, o simplemente se durmió primero que vos.

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