Sexo público, donde sea y con quien sea

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Diariamente, en la ciudad de San José, Costa Rica, jóvenes de todas partes tienen sexo sin inhibiciones en distintos lugares públicos.

En La Plaza de la Cultura, y otros lugares públicos como el Parque La Sabana y el Parque de La Paz, es común encontrar a otros jóvenes como Felipe, que están a la espera de encontrar a otros hombres que sin problemas se entregan al placer que ofrece tener relaciones sexuales con desconocidos.

Felipe es un joven de 23 años de edad de contextura gruesa, ojos café y con ropa muy ajustada al cuerpo. Actualmente cursa su último semestre de diseño gráfico en una universidad estatal, ubicado en el paraíso y se define abiertamente como homosexual.

Recuerda que a los 17 años de edad un amigo muy cercano, lo invitó por primera vez a los baños de un centro comercial para experimentar lo que era una sesión de “cruising”.

Felipe teme que lo que empezó como un experimento ocasional termine siendo algo habitual y sospecha que su conducta sexual sea considerada como una patología, es decir, un trastorno psicológico.

Especialistas en la psicología, psiquiatría y sexología no han logrado coincidir que el denominado “cruising” (prácticas sexuales en sitios públicos con personas desconocidas) sea una patología, o que entre en el marco de las parafilias.

Se define la parafilia como el comportamiento sexual en el que la persona no se encuentra satisfecha a la hora de ejercer su sexualidad y busca otros métodos para poder satisfacer su excitación.

Lo que sí es un hecho es que el Manual de Diagnóstico de los Trastornos Mentales (DSM-VR) no reseña el término “cruising”. 

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Eso fue lo primero que aclaró el Doctor Francisco Gólcher, Presidente de la Asociación Costarricense de Psiquiatría (ASOCOPSI) al ser consultado para este artículo.

Si se presenta de manera exclusiva y repetitiva en el acto sexual o cuando la excitación tenga impulso a lograr una eyaculación, solo en esas especificaciones podría ser patológico.

Ahora, si la persona lo hace de vez en cuando porque le atrae la situación eso no es una patología, eso es como una alternativa en la ejecución de su encuentro sexual”, aseveró el psiquiatra.

Cabe acotar que las personas no deberían, según la norma social establecida,  tener prácticas sexuales en lugares públicos, sin embargo estas prácticas no deberían discriminar al homosexual y señalarlo necesariamente como una patología.

A grosso modo, los practicantes del cruising pueden desembocar en dos vertientes:

  • Los homosexuales que recurren a esta práctica sexual y que en muchas ocasiones tienden a reaccionar ante la sociedad practican actos sexuales en cualquier sitio como protesta o motivo de escape a la exclusión social de las que son objeto.
  • Quienes lo realizan debido a que su centro de erotismo y su placer está en el exhibicionismo.

La terminología cruising, según el psicólogo Francisco Golcher asegura que el cruising no se puede considerar como una desviación psicológica ni una parafilia ya que este término no engloba los trastornos de una conducta sexual:

No es un comportamiento considerado como una enfermedad porque no está clasificada dentro de la Clasificación Internacional de las Enfermedades (CIE-10) ni el El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales, Quinta Edición (DSM-5).

Golcher señala que se debe examinar una serie de elementos para catalogar a un paciente con problemas parafílicos:

Habría que considerar variables como verificar si existe sufrimiento personal, nivel de repetición, lugar y tiempo”.

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El hecho de que una persona se exhiba a la hora de realizar un acto tan personal y privado como es el intercambio sexual no evidencia ningún fallo a nivel cognitivo en cuanto a internalización de normas, problemas en el control de los impulsos y un sentimiento de sufrimiento personal muy interno.

No debe señalarse como patología, sino  que debe ser visto -a lo sumo- como un problema social, donde muchas organizaciones deberían promover campañas, para dar a conocer los riesgos que corren los practicantes del cruising y tratar de transformar la conciencia de estas personas”, indica Golcher.

El cruising no se puede ver en un contexto social sólo porque los homosexuales lo hacen en respuesta al no reconocimiento de sus derechos o a la imposibilidad de poder vivir y ejercer plenamente su sexualidad sin restricciones, como lo hacen los demás.

En consecuencia, Golcher enfatiza que, en vez de criminalizar colocándole palabras peyorativas como playos, culiolos, putos, enfermos, a los individuos que practican el cruising y señalarlo como una patología, los psicólogos y psiquiatras deberían de analizar el origen del por qué estas personas cometen este tipo de actos.

Sería bueno que expliquen dejando el tabú de un lado, y aprendan a que la sexualidad se puede vivir y experimentar de distintas formas.

Si existe un trastorno emocional, la compulsión de una persona por ejercer esta conducta puede llegar a ser extremadamente fuerte debido a que sufre de mucha impulsividad o se encuentra en estado de hipomanía, por lo tanto  se necesitará bajar los niveles de activación de su sexualidad con medicación.

De hecho, un psicólogo puede trabajar de la mano con un psiquiatra, debido a que el psicólogo no tiene la potestad para medicar.

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Golcher asegura que los homosexuales que mantienen relaciones sexuales de manera compulsiva con desconocidos tienden a tener una serie de evidencias patológicas que rondan cerca del ámbito de las parafilias, aunque reitera que no está documentado.

“El cruising podría llegar a estar dentro de las parafilias del exhibicionismo, donde el funcionamiento sexual sirve para estimular al resto, tanto en intensión de susto o como intensión de impacto. Esto es lo que produce a los que lo realizan, pues es una estimulación de excitación mucho más alta para poder lograr sus orgasmos.

Estos encuentros anónimos y desprotegidos no dejan de ser un riesgo enorme, reconoce el propio Felipe. Él asegura que eso es en parte lo que lo hace “emocionante.”

¿Algo NO tan emocionante?, le explico a Felipe.

Saber que algunos de estos encuentros pueden tornarse violentos y muchos de ellos son de alto riesgo al tratarse de encuentros sexuales totalmente desprotegidos que pueden  llevar a enfermedades de transmisión sexual tales como: VIH, gonorrea, sífilis, VPH, herpes genital y otras.

Felipe cambia su expresión y semblante.

“Si… yo sé”, responde.

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